¡Salve, almas ávidas de lo Prohibido!
Soy el Guardian de la Cripta, y hoy no les hablaré de las miserias de otros, sino de las más antigua de las artes: la invocacion. No es una historia; es una lección sobre el poder y el recio, contada por alguien que ha visto lo que hay detrás del velo. Preparen su pulso, porque los voy a guiar por el sendero que lleva a Malphas.
Mi vida siempre ha sido el estudio del dolor y el secreto, pero to erudito debe, al menos una vez, curar el umbral de su biblioteca a la realidad. No busque riqueza ni amor; busque conocimiento, el más oscuro y prohibido. Para eso, solo había un maestro: Malphas, el Gran Presidente del Infierno, constructor de fortalezas y, dicen los grimosos más antiguos, el dueño de las visiones de los sueños proféticos.
El ritual comenzó en el solsticio de invierno, la noche donde la tierra respira su aliento más frío. Elegí mi viejo almacén, un lugar donde el eco de la desesperación ya estaba bien asentado. La primera fase fue la preparación del círculo. No bastaba la tiza; utilice ceniza de huesos de buey mezclada con mi propia saliva, creando un límite físico y espiritual. Trazar el heptagrama de la invocación, el sello personal de Malphas, tomó horas. Sentía el rio subir desde el suelo, ignorando la calefacción, un escalofrío que anunciaba que la línea ya se estaba difuminando.
En el centro, coloqué la ofrenda. Malphas prefiere las víctimas pequeñas y astutas, así que mi ofrenda fue una corneja viva, su corazón latiendo frenético dentro de mis manos. A su lado, el espejo de obsidiana, no para verme a mí, sino como una puerta de bienvenida.
Al llegar la media noche, sentí que la presión en el aire era tan fuerte que me costaba respirar. Era el peso de una atmósfera diferente. Vestido solo con mi túnica ritual, corte la palma de mi mano derecha con el Atame (mi daga de mano de ébano) y dejé que mi sangre goteara sobre la ceniza y la corneja.
Y entonces, comencé a recitar. No eran palabras; eran cuerdas vibrantes que tiraban de algo al otro lado.
"¡Malphas! ¡Gran presidente de la Sesentena, el que edifica fortalezas! Yo, invoco la Primera Llamada, por el Signo del Corazón Roto y la Sombra de la Cornisa. Que el aire se abra y la forma se manifieste. Vengo no a exigir, sino a aprender."
El espejo de obsidiana se cubrió de una neblina aceitosa que no era niebla. El aire se cargó con el olor a yeso fresco y azufre. La corneja chilló una última vez, y sentí que algo, con la velocidad de un pensamiento, le arrancó la esencia de su pequeño cuerpo. El animal cayó inerte.
Levanté la vista hacia el espejo. La neblina se despejó y el horror se manifestó: no una figura de cuernos y cola, sino algo mucho peor. Malphas apareció como una silueta gigantesca de un cuervo, pero no de plumas, sino de piedra negra y fría. Su cuerpo proyectaba la sombra de una fortaleza inacabada, y sus ojos eran como dos lunas muertas que me examinaban con una curiosidad helada.
El sonido que vino de él no fue graznido, sino un crujido seco, como el de cientos de huesos viejos siendo aplastados.
"¿Conocimiento? ¿Qué estás dispuesto a desmantelar para edificar tu saber? Las visiones son un préstamo, no un regalo."
Mi voz temblaba, pero me mantuve firme. Le expliqué mi propósito: quería la visión de los momentos clave en la historia de la humanidad. Quería ver los pactos que se hicieron, las almas que se perdieron.
Malphas se inclinó. La presión en mis sienas fue insoportable. Y si. hablar, me mostró el precio: mi visión del futuro. Acepté sin dudar. A cambio, me concedió el don (o la maldición) de ver el pasado, pero con una advertencia final: que cada visión vendría acompañada por el dolor físico del momento presenciado.
El trató se cerró no con un apretón de manos, sino con el toque gélido del espejo. Malphas se disolvió, y yo me quedé solo, temblando, con el sabor de la ceniza en la boca y el peso de un saber terrible en mi alma.
Desde ese día, la invocación me ha dado el conocimiento que buscaba, pero la factura se paga con cada latido.
He compartido mi mayor secreto. He abierto el libro negro de mi propia vida. ¿Y ustedes almas curiosas y temerosas? ¿Alguna vez han estado tan cerca de la línea que divide lo humano de lo fraternal? ¿Han presenciado, o peor aún, participado en algún ritual que invoco algo que no pudieron controlar?
La Cripta esta abierta para albergar sus confesiones. Dejen sus historia de invocaciones, pactos o contactos con entidades. Que la verdad sea conocida.
👇
Comentarios